En mi barrio en tiempos había un abuelo que cada vez que veía aparcando a una mujer, empezaba a gritar ¡Mujer tenías que ser!, independientemente de que lo hiciera bien o mal.
Dejó de hacerlo cuando pillé las horas en las que aparcaba él y le empecé a aplaudir cada vez que terminaba, después de pegar numerosos golpes al de delante y al de atrás e incluso llegar a calar (no me preguntéis cómo) el coche.
Dejó de hacerlo cuando pillé las horas en las que aparcaba él y le empecé a aplaudir cada vez que terminaba, después de pegar numerosos golpes al de delante y al de atrás e incluso llegar a calar (no me preguntéis cómo) el coche.